Dónde está la linea que marca el límite de los sentimientos? Hasta dónde llega la mirada cuando tus ojos ya no brillan como antes? Cómo escuchar a la razón cuando tu corazón ya no sabe de qué forma latir? Cómo demostrar lo que sientes cuando no salen las palabras y se paraliza el cuerpo? Cómo saber si aquello que vives es real o simplemente un sueño fugaz, una visión con un final poco preciso pero seguro?
Superar obstáculos, barreras y retos que la vida te va poniendo al azar. Cambiar de rumbo sin estar del todo segura de lo que quieres ni de a dónde dirigirte, pero teniendo claro que has de seguir caminando. Dibujar nuevas ilusiones. No se trata de olvidar, es simplemente querer vivir, querer seguir sonriendo y soñando, aferrarte a todo aquello que te abre puertas, bloquear todo lo que te hace sufrir. No permitir que las dificultades te impidan seguir disfrutando de las alegrías.
No es cuestión de querer encontrar la plena felicidad, si ésta se consigue es difícil mantenerla, siempre hay algo con lo que no estamos conformes, algo que nos quita la sonrisa a diario, alguien que nos decepciona. Se trata de ser optimista, vivir la vida sin perder ni un solo segundo, tratando de disfrutarla y sin hacer daño a nadie. Conseguir que cada cosa que hagas te llene por dentro, hasta la más simple, y sin depender de nadie.
Mejor no proponerse grandes planes de futuro porqué éste llega solo y como le da la gana, no todo depende de uno mismo, si así fuera todos tendríamos lo que necesitamos. Pero eso no quiere decir que vivamos sin ambiciones: no hay que rendirse jamás, eso nunca. Si deseamos algo que no podemos conseguir, si teníamos algo que se rompe y no se puede recuperar, al menos que no sea por no haberlo intentado.
Y es que si algo tiene la vida, es que nos obliga a aprender constantemente de ella. Aprendemos a no cometer los mismos errores, y aún así volvemos a caer, pero la caída es diferente, ni mejor, ni peor...
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